lunes, 23 de febrero de 2015
Esperando al comensal
Oda al gran mantel
Cuando llamaron a comer
se abalanzaron los tiranos
y sus cocotas pasajeras,
y era hermoso verlas pasar
como avispas de busto grueso
seguidas por aquellos pálidos
y desdichados tigres públicos.
Su oscura ración de pan
comió el campesino en el campo,
estaba solo y era tarde,
estaba rodeado de trigo,
pero no tenía más pan,
se lo comió con dientes duros,
mirándolo con ojos duros.
En la hora azul del almuerzo,
la hora infinita del asado,
el poeta deja su lira,
toma el cuchillo, el tenedor
y pone su vaso en la mesa,
y los pescadores acuden
al breve mar de la sopera.
Las papas ardiendo protestan
entre las lenguas del aceite.
Es de oro el cordero en las brasas
y se desviste la cebolla.
Es triste comer de frac,
es comer en un ataúd,
pero comer en los conventos
es comer ya bajo la tierra.
Comer solos es muy amargo
pero no comer es profundo,
es hueco, es verde, tiene espinas
como una cadena de anzuelos
que cae desde el corazón
y que te clava por adentro.
Tener hambre es como tenazas,
es como muerden los cangrejos,
quema, quema y no tiene fuego:
el hambre es un incendio frío.
Sentémonos pronto a comer
con todos los que no han comido,
pongamos los largos maneles,
la sal en los lagos del mundo,
panaderías planetarias,
mesas con fresas en la nieve,
y un plato como la luna
en donde todos almorcemos.
Por ahora no pido más
que la justicia del almuerzo.
miércoles, 9 de julio de 2014
¡Ah, del castillo!
Tras la aldaba
Cierro el ojo y tu mano no se acaba,
yo me callo y mi voz sigue en tu oído,
ni en la distancia es cierto que haya olvido
ni del tiempo es la historia alguna esclava.
Antes creí que el orden se olvidaba,
todo acababa o era suspendido
hoy lo que sé es que todo lo vivido
se queda aquí, sin muros y sin traba.
Por eso al descorrer la tierna aldaba
de un beso, de un amor, de un tiempo ya ido
descubro que aún estás donde te hallaba.
Por eso, corazón, ven, si te pido,
y tráeme la fuerza que encontraba
en tu voz, tu bregar, en tu latido.
Óscar Pérez
Cierro el ojo y tu mano no se acaba,
yo me callo y mi voz sigue en tu oído,
ni en la distancia es cierto que haya olvido
ni del tiempo es la historia alguna esclava.
Antes creí que el orden se olvidaba,
todo acababa o era suspendido
hoy lo que sé es que todo lo vivido
se queda aquí, sin muros y sin traba.
Por eso al descorrer la tierna aldaba
de un beso, de un amor, de un tiempo ya ido
descubro que aún estás donde te hallaba.
Por eso, corazón, ven, si te pido,
y tráeme la fuerza que encontraba
en tu voz, tu bregar, en tu latido.
Óscar Pérez
sábado, 2 de abril de 2011
Rayos de sol que pican
A la caída de la tarde, los destellos del sol quieren ocultarse bajo las aguas. Es ese el momento que precisan los pescadores para atraparlos con la sutileza de un sedal que se introduce entre las ondas y que se arma con el final interrogativo del anzuelo.
Vi sobre la playa de oro
un delfín blanco resoplar
mientras lloraba como un niño
A pocos metros los pescadores
entre redes calculaban su peso
para llevarlo al mercado de carnes
Pensé que el amor era el mar
y nosotros el delfín
que no sabía o no podía regresar.
Fernando Rendón
domingo, 13 de junio de 2010
Pase, es usted un sol
jueves, 20 de mayo de 2010
Río Tinto
domingo, 2 de mayo de 2010
viernes, 2 de abril de 2010
Luz aprisionada
martes, 23 de marzo de 2010
Escalas a la gloria
sábado, 20 de marzo de 2010
Llega la primavera en Trigueros
La tarde languidece
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